sábado, 13 de diciembre de 2008

Reportaje Interpretativo sobre Aporte Fiscal Directo y Aporte Fiscal Indirecto

Educación superior… en costos

El alza de los aranceles, los costos de implementación y el IPC, sumado al insuficiente financiamiento estatal a las universidades basado en el aporte fiscal directo e indirecto, perjudica a miles de familias chilenas que deben costear esta fuerte “inversión”, pagando aranceles que a veces son más altos que el sueldo mínimo de mayoría trabajadores chilenos.




En la actualidad los costos que implican implementar una carrera profesional superan con creces a los dineros aportados por el estado para estos efectos y al “no ser redituable”, esto obliga a las universidades a trasferir sus costes a algún otro actor del proceso educacional, en este caso a los estudiantes, quienes deben acudir a diversas instancias para poder costear esta inversión que supera en algunos casos el ingreso mensual de algunas familias. Las opciones son variadas, créditos comerciales, ayudas solidarias, becas, crédito Corfo, pero ninguna de ellas parece ser una solución real. Lo peor del caso es que los fondos con los cuales el estado inyecta recursos a la educación superior no están funcionando como se esperaba, y solo están reproduciendo un círculo de inequidad que amenaza con mermar el acceso a la educación superior y la realización profesional de muchos jóvenes chilenos.

Todos los dirigentes estudiantiles entrevistados para este reportaje cuentan con alguna alternativa de pago para sus carreras universitarias, ya que el ingreso mensual de sus hogares no alcanza a costear el alto precio de los aranceles mensuales. Un claro ejemplo de esto, es que el arancel de la carrera de Ingeniería en construcción de la universidad de Valparaíso, en el año 2002 costaba $1.090.000 pesos. Seis años después, aumentó en más de 70%, llegando a bordear $1.720.000. Muchos estudiantes como por ejemplo Patricio Cáceres y Sebastián Vasconcello, entrevistados, se ven afectados en este proceso, ya que deben, junto a sus familias, soportar la recarga económica de un sistema inequitativo de repartición de recursos, que en cierto modo, comienza a reproducir un modelo de desigualdad en donde no existe una línea de partida clara que procure un momento inicial de igualdad para la competencia.


Entrando en materia…

Comencemos a analizar este tema, el financiamiento por parte del estado hacia las universidades se produce de dos formas, a través del aporte fiscal directo AFD que financia a las universidades (u oferta) y el aporte fiscal indirecto AFI que financia a los mejores puntajes PSU (o demanda).

AFD es un fondo de libre acceso compuesto por dos montos, un 95% fijo, al que se le llama histórico, y un 5% variable que se entrega a las universidades considerando el cumplimiento de algunos parámetros, como por ejemplo la cantidad de publicaciones, los proyectos iniciados, el número de doctores y académicos con post grados. En cierto modo, es un estímulo a la calidad docente que las universidades logran a través de sus “políticas de crecimiento”, pero ¿Qué son las políticas de crecimiento? El Director de relaciones estudiantiles de la Universidad Federico Santa María, Claudio Valenzuela, explica que éstas son propias de cada universidad, donde son los consejos superiores de las distintas instituciones quienes determinan el accionar, no el Estado o algún otro organismo exterior a ellas. De acuerdo a estas políticas, las universidades crean un plan de crecimiento con el fin de mejorar su calidad y así optar a más ingresos por medio del Aporte Fiscal Directo. El problema está en que este fondo representa una cantidad muy limitada de ingresos; ya que como explica el Vicerrector académico de la Universidad de Playa Ancha, Rolando Tiemann, si se toma en cuenta que se compite por el 5% otorgado por calidad, contrapuesto al 95% histórico, el AFD no varía mucho.

Esta problemática se vuelve más grave si se considera que el fondo total del Aporte Fiscal Directo, que se entrega exclusivamente a las universidades del CRUCH o consejo de rectores, no aumenta de forma importante con los años, más aún, debido al sistema de competencia entre las casas de estudio, las ganancias de una universidad significan las pérdidas de otra. Así lo señala David Jamet, director de la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Valparaíso: “(…) los estándares de aporte tienen que ver con las capacidades de la universidad, si alguna tiene un repunte, esos recursos le serán quitados a otra, haciéndolas competir. Es como hacer pelear a los niños por comida (…)”

Este modelo de competencia por los fondos del Estado, en donde la casa de estudios que cuente con más herramientas logrará mejores resultados, y por ende; más dinero, genera distintas repercusiones en las universidades. Jamet desglosa la idea, dando a entender que en un proceso social, como el de entrada a competir a un mercado, produce dos efectos negativos, depredación y selección natural, o sea la ley del más fuerte.

Por otro lado, el Aporte Fiscal Indirecto (AFI), beneficia a los primeros 27.000 mejores puntajes de la PSU, premiando el esfuerzo de los mejores estudiantes del país. Claudio Valenzuela, director de asuntos estudiantiles de la Universidad Federico Santa María, hace énfasis en este punto y declara como sumamente positivo el premiar al estudiante que ha tenido buen rendimiento y, que por lógica, debe acceder a algún beneficio por los resultados obtenidos.


Los verdaderos costos de la inequidad

Analizando esto de forma más profunda, premiar a quienes rinden más es valorable, pero el problema radica en saber quién está rindiendo más ¿Puede un alumno de un colegio municipalizado ser puntaje nacional? Sí puede serlo, pero le es más difícil, debido a que debe lidiar con factores que le impiden rendir el máximo de su potencial, desde elementos técnicos como una docencia deficiente y un ambiente hostil, hasta elementos cotidianos como una alimentación insuficiente. Por ende, quienes están logrando los puntajes más altos en estos momentos, son las personas que llevan una mejor calidad de vida y pueden acceder a un colegio particular. Por lo tanto, en vez de apoyar a los alumnos con mayores necesidades, se está subsidiando a aquellos estudiantes que cuentan con el dinero para financiar su educación superior, entregando recursos a las universidades por su ingreso a ellas. Frente a esto David Jamet, califica de aberrante al Aporte Fiscal Indirecto por subsidiar a los que tienen más, y explicitó que es impresentable que, en un gobierno como éste, con orientación social, “esta situación ocurra y además, se mantenga”.

Rolando Tiemann opina que es en este punto donde el gobierno está fallando, ya que, junto con hacer competir a las universidades por lograr los fondos del aporte fiscal directo, se compite además por lograr el aporte fiscal indirecto. La competencia es favorable para lograr los mejores resultados, sólo cuando ésta parte de una base de igualdad, lo que actualmente no sucede. Desde la vuelta a la democracia no se ha logrado garantizar uno de los derechos fundamentales que se encuentra establecido en nuestra Constitución, como es el derecho a una educación de calidad. Es el propio Tiemann quién arguye que “no porque un estudiante no haya obtenido 700 u 800 puntos es malo, es porque no se le han dado las herramientas”, sentenció.


Una luz al final del camino

Para hacer frente a estos problemas, se está generando una discusión a nivel nacional que no ha generado cambios importantes debido a una férrea posición del gobierno en sus políticas educacionales. Pero se acerca una nueva posibilidad de plantear los problemas de la inequidad y competencia desigual, como señaló Sebastián Vasconcellos, ex - Vocero externo de la federación de la Universidad Federico Santa María: “se está estableciendo una mesa de diálogo MINEDUC-CONFECH en donde el tema central es el financiamiento completo, además presenta una instancia para proponer el tema y saber qué opina el gobierno”.

El sentir que predomina tanto en académicos como estudiantes, es que este modelo de financiamiento debe ser cambiado, ya que no cumple el objetivo para el cual fue creado, debido que responde a criterios establecidos hace más de veinte años. Es así que en la actualidad, se está reproduciendo un sistema de inequidad, haciendo competir a universidades y estudiantes por fondos insuficientes y mal repartidos, subsidiando a quienes pueden pagar y no apoyando a los estudiantes que tienen mayores necesidades.

Editorial



La inequidad de la educación


No es un misterio para nadie que la forma en que el Estado financia la educación superior no cumple con las necesidades reales de los estudiantes ni de las casas de estudio, causando múltiple problemas, dentro de los cuales ¿Quién pone el dinero? Es el tema central. Esto provoca que los aranceles suban cada año, sin que el fondo total que el gobierno entrega haga lo mismo. Esto, sumado a la mala distribución de recursos obliga a que los estudiantes y sus familias a cubrir la cuota faltante.

Hasta ahora, el problema se ha enfocado en la disputa entre estudiantes y universidades, planteando a estas últimas como las villanas de la historia, ya que son la cara visible del proceso de alzas, pero no nos engañemos, el trasfondo de esto va más allá y exige que el Estado adopte una posición más determinante, resolutiva, eficiente y de que una vez por todas, de una solución.

La implementación de cada carrera implica una inversión que debe ser cubierta en su totalidad, y que dependerá de la capacidad física, herramientas, laboratorios y salas, además de su capacidad docente. En base a esto, se crea un costo que las casas de estudio deben cubrir y que por lógica, depende del dinero que el estado entregue. El meollo del asunto es que el Estado no está entregando la cuota mínima para cubrir esto, lo que obliga a la universidad a transferir sus costos a los estudiantes. Es el perfil mercantil que ha alcanzado la educación, junto a la competencia con las universidades privadas, lo que ha producido una serie de puntos que condicionan la educación chilena.


Circulo vicioso

En el proceso de financiamiento de la educación superior sucede algo muy especial. En las universidades estatales, los dineros privados, por ejemplo el de Juanito Pérez al pagar su arancel, se convierte en dineros públicos, de todos los chilenos, ya que pasan al estado. En las universidades privadas nos encontramos el proceso inverso, cuando el gobierno en su afán de ayudar económicamente a los estudiantes, entrega recursos a los mejores puntajes PSU, el llamado AFI. Pero ¿Qué sucede? Un dinero público asignado por AFI, se transforma en dinero privado, porque el aporte que llega al alumno desde el Estado pasa a una entidad privada. Así, el dinero de todos los chilenos se convierte en dinero del señor X.

Además de esta “fuga” de recursos, debemos tener presente que a diferencia de las entidades privadas, las casas de estudio estatales no producen una optimización de los recursos o ganancia, lo que puede interpretarse en que dichas instituciones solo presentan un “arancel de subsistencia”, es decir no buscan ganar dinero sino solo cobrar para seguir funcionando, pese a que sus costos son mayores.

La priorización del gobierno en este sentido no es trascendental para las universidades, ya que las movilizaciones y presiones sociales ligadas a la educación superior han dejado de tener efecto y obviamente en la lógica de un estado funcional, hay problemas de mayor jerarquía que deben ser resueltos prioritariamente por su carácter de necesidad básica, de esta forma se posterga la discusión de temas no mediatizados, pero no menos importantes como es la educación superior.

Ahora ¿Por qué la discusión parlamentaria no apunta a mejorar esta situación? Esto se debe a dos posibles razones, que las movilizaciones y actos universitarios de protesta han perdido importancia, junto a que desde hace algunos años las universidades han dejado de ser una plataforma viable para la presentación de proyectos y campañas políticas, siendo más rentable en cuanto a votos, una aparición en televisión. La pérdida de importancia política de las casas de estudio es uno de los fenómenos menos estudiados, pero quizás más incidentes en el estado actual de todas las universidades estatales del país.

Columnas de Opinión


We wish you a merry chrismas



Ya entrando diciembre en todos los canales de televisión comienza el bombardeo publicitario con los jingles mal copiados, las ofertas navideñas y las festividades con apellido como navidad Falabella, o año nuevo París, y es que en ésta época del año más que nunca se manifiesta la premisa de eres lo que tienes, más eres mientras más tienes. Este fenómeno se ve potenciado por el analgésico de la tarjeta de crédito, que nos da la libertad de tener lo que queramos sin sufrir, por el hecho de que no podamos costearlo.

2, 6, 10 ,24 y 36 cuotas, son las promesas de que ese gustillo no nos dejará la billetera parapléjica, la quimera de los módicos pagos mensuales se ha tomado las calles. Y es que cuesta bastante no caer en este consumismo exacerbado ya que desde finales de octubre comienzan los guiños de las casas comerciales, respecto del último grito del viejo de pascua, una guitarra invisible, un peluche que cuenta chistes o una bicicleta que parece moto, no salimos completamente de Halloween cuando ya estamos atragantados con las ofertas navideñas, y pareciera que cada casa comercial y supermercado tiene los derechos de autor de la navidad ya que presenta diferentes visiones de esta.

¿Es en realidad necesario tanto descontrol frene a lo que el mercado ofrece? Pese a ser un partidario acérrimo de la enjundia, he de reconocer que la fiebre navideña me ha superado, los jingles, frases sin sentido y promesas de lindos deseos al comprar con tarjetas, pudo más que los recuerdos felices junto a la familia. Y es que, en esencia, esta fecha se trata de pasar tiempo con la familia, disfrutar con los seres queridos, pero estamos tan sumergidos en el comprar y adquirir que, del total de tiempo libre que tenemos para estas fechas, es probable que pasemos más de la mitad en un mall buscando la oferta perfecta, y no me mal entiendan, no digo que un presente navideño no sea un detalle necesario para estrechar los lazos y demostrar que una persona nos importa, pero esto se vuelve un problema cuando priorizamos el estar sumergidos en una tienda de sol a sombra con el pretexto de regalar cariño.

Que el dólar subirá, es el último embarque, son de edición especial, los comerciantes siempre tienen una excusa para adelantar las ventas, entrar en nuestros bolsillos y terminar luego con su stock, así les quedará bodega libre para los productos de san valentín. Es irrisorio pero penoso al mismo tiempo ver como una festividad con un origen familiar y de reflexión se ha convertido con el tiempo y “los medios” en algo tan vano y superfluo. Hay que hablar con la verdad, los medios hacen pan y circo de toda esta celebración, con la típica notita navideña de todos los años, en donde aparece el periodista con el juguete de última moda y preguntando cómo se comportan los chilenos ¿Estamos más apretados que el año anterior?

Por eso en esta navidad no se aflija si su presupuesto no alcanza para regalar ese televisor de 32 pulgadas que tanto desea o ese robot que se transforma en 36 animales distintos, un regalo más humilde pero hecho desde el corazón vale tanto o más que ese goce material, el consumismo es algo que los medios y los intereses privados han instalado en nuestro imaginario colectivo, las necesidades no se cubren con trozos de plástico, se cubren con amor, cariño y buena voluntad.


Por Sebastián Bustos





“100 latigazos por mala puntería”

El mundo árabe elogió como un héroe al reportero iraquí que le lanzó sus zapatos al presidente Bush en señal de desprecio.


En el lejano Irak, sacarse los zapatos y arrojarlos a quien uno desprecia, es una practica regular dentro de la sociedad, es un signo de repudio ante una persona que ha provocado perjuicios o de alguna manera ha deshonrado el honor de Irak, o de ser irakí, como mostraron cadenas internacionales de televisión, en uno de los archivos de imágenes del derrocamiento de Sadam Husein, al ser derribada una majestuosa estatua de su persona, una multitud arrojaba sus zapatos a la estructura, mientras esta caía.

Durante una conferencia de prensa en Bagdad en una visita no anunciada para "despedirse" de las tropas, a sólo 37 días distancia para que herede la guerra su sucesor, el presidente electo Barack Obama, quien ha prometido acabar con el conflicto; El criticado presidente W. Bush fue víctima de un ataque con un nuevo tipo de proyectil.

Un periodista pidió su turno para preguntar y cuando fue el momento de hacerlo, se apresuró a quitarse los zapatos y arrojárselos con ira al mandatario norteamericano, los que evitó gracias a un moderno sistema de radar que rastrea zapatazos cuando vienen directo a la cara. Muntadar al-Zeidi, corresponsal para la estación de televisión iraquí Al-Baghdadia, con sede en El Cairo, Egipto, fue identificado como el autor del ataque a Bush, ante la mirada atónita del primer ministro de Iraq, Nuri al-Maliki, y el asombro de los guardias de seguridad, según lo reflejaron las imágenes de la CNN.

El periodista se levantó de su asiento al grito de "este es el fin" y "¡Este es un beso de despedida, perro!" y le arrojó los zapatos. En clara oposición a la estadía de tropas americanas en Irak, que por cierto continúan llegando. El accionar de Obama respecto a este punto está por verse. ¿Retirará las tropas en Irak y en Afganistán?, ¿seguirá persiguiendo a Osama Bin Laden? "Esto es por las viudas, los huérfanos y todos los muertos en Irak", agregó el ofuscado periodista mientras era retirado del lugar por guardias.

En un intento por aprovechar el desaguisado para repetir su argumento, Bush dijo no saber cuál fue la causa de la agresión, pues estaba convencido de que lo sucedido "no representa al pueblo de Iraq".


Por Italo Salazar Passadore